LA PAZ ES POSIBLE.

Una MENTE ILUMINADA percibe por CONCEPTOS y no se deja llevar por elloos.
Un CORAZÓN ILUMINADO percibe por SENTIMIENTOS, y no se deja llevar por ellos.
Un FÍSICO ILUMINADO, percibe por SENSACIONES, y no se deja llevar por ellas:
Y NO DEJARSE LLEVAR es distinto a no hacer algo por MEJORAR NUESTRO MUNDO como realidad más cercana... ¿POR DÓNDE QUIERES EMPEZAR? (Isaac Fdez. de la Villa)...

lunes, 3 de octubre de 2011

LAS PERSONAS PELIGROSAS PARA EL EGO PROGRAMADO

Hay cierto tipo de personas o seres humanos, muy peligrosos para el Ego programado. Causan temor, indignación, angustias, porque nos revelan aquello que no queremos ver de nosotros mismos. Si tenemos la idea de que se debe hablar con “amor”, con esa definición de amor donde cerramos los ojos para sentirnos poetas del verso cursi y complasivo, que no compasivo, sino que complace los oídos de Egos que se deleitan en palabras hermosas; este tipo de personas podrá hablarnos rudamente, duramente, desagradablemente según nuestra idea, nuestra creencia, nuestro juicio sobre cómo debe ser toda expresión del Todo o la naturaleza misma, donde ciertamente podemos observar violencia... Pueden gritarnos incluso, cuando no queramos oírles, al rechazarlos por su aparente forma de expresión, para al rato estar absortos en otra cosa, o si les preguntamos u oímos sin reparo, en aceptación total a su expresión, podrán hablarnos armoniosamente para decirnos lo mismo; porque sienten que dentro de nosotros ya no hay necesidad de confrontación, porque ya confrontamos superando la parte que rechazábamos de nosotros mismos y la aceptamos, aceptando a los demás por completo al igual que nos aceptamos nosotros mismos por completo…
Esta clase de personas es mejor tenerlas lejos si no queremos navegar por nuestras cloacas, pues las ven y sacan a la luz sin contemplaciones, pues no son expertos en sermones cariñosos ni en parchear lo absurdo hasta otro momento, ya sienten que no hay tiempo: Y nos hacen ver en poco tiempo, lo pestilente, la suciedad que durante años ignoramos en el sótano de nuestro inconsciente, nuestros tentáculos de manipulación, nuestras maniobras de distracción, nuestra huida de nosotros mismos hacia la siguiente caída, hasta el siguiente escalón, hacia el siguiente abismo, … Y así, al vernos, pueden preguntarnos sin contemplación: ¿Qué ves en mí, que temes de ti mismo?...
Ciertamente, comparando a estas personas con nosotros, podremos decirles lo mismo, replicarles aquello que nos dicen o nos hacen ver, y quizá podemos acertar, quizá no porque ya no viven en nuestra misma forma de ser o estar... Pero tener en cuenta, que incluso el acertar en nuestros juicios no nos servirá de nada si lo que nos dijo está en nosotros; sólo sería un intento más, de nuestro Ego programado de ignorar la suciedad que carga, y que fue iluminada con una linterna extraña, porque no tiene la forma ni la imagen que nos hicimos de ella, o nos hicieron creer, de aquello que debe ser luz que ilumine, amor que nos ame: En nuestro juicio perdimos la oportunidad, el tren partió hacia otro lado, hacia otro momento, porque nuestro Ego programado se defenderá siempre de estas personas y huirá en busca de aquellas que lo complazcan, que lo compadezcan y comprendan sus deseos para justificarlos sin cambio alguno, para soportar una dualidad que se volverá más cruel mientras más nos resistimos a superarla una vez sentimos el llamado interno hacia el despertar… 
Y todo está bien…¡Cuidado con no encontrarse con este tipo de personas si no están dispuestos a ver sus propias cloacas!... ¡Es muy peligroso para el bienestar del Ego programado hacia la autocomplacencia!...
Y si se las encuentran, ni modo… Lo mejor es ser coherentes con lo que somos y expresamos; que aquello que pensemos, sintamos y actuemos, esté lo más acorde posible, si no es así; si por ejemplo decimos que somos libres y no tenemos apegos cuando estamos en verdad expresando todo lo contrario a aquello en lo que abundamos, el conflicto puede estar servido sin que nos de tiempo de huir, porque este tipo de personas ya nos vio antes de venir, y huele la peste que hay detrás de lo que vamos a decir.

Isaac Fernández de la Villa.

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