LA PAZ ES POSIBLE.

Una MENTE ILUMINADA percibe por CONCEPTOS y no se deja llevar por elloos.
Un CORAZÓN ILUMINADO percibe por SENTIMIENTOS, y no se deja llevar por ellos.
Un FÍSICO ILUMINADO, percibe por SENSACIONES, y no se deja llevar por ellas:
Y NO DEJARSE LLEVAR es distinto a no hacer algo por MEJORAR NUESTRO MUNDO como realidad más cercana... ¿POR DÓNDE QUIERES EMPEZAR? (Isaac Fdez. de la Villa)...

miércoles, 16 de marzo de 2011

LA OSHOIDIOTACIÓN HA LLEGADO.



En el mundo espiritual y sus periferias, más allá o más acá, más mundanas o más “iluminadas”, el “Aquí y Ahora” se ha convertido en una coletilla espiritual que acredita poder a quien la usa, el “Presente”, el vivir en el presente, en una inamovible ley que limita al Todo en su expresión atemporal, el “Sentir”, en una expresión de la verdad que creyéndose absoluta, juzga absurdamente sin derecho a réplica ni derecho propio, para estar todas estas expresiones, asentadas en ideas del pasado con la que se expresaron escalones evolutivos humanos… Y la “Mente” se ha convertido en un enemigo, en vez de una herramienta expresiva, cuando curiosa-mente, sin ella la expresión no existiría… ¿para quizá estar todos en esa Nada Absurda, y aburrida desde nuestro insignificante caminar humano?...
La espiritualidad se llena de aberraciones expresivas, de Maestros infantiles que incitan al juego y a poner toda nuestra confianza en ellos… ¿Confiar en ellos sólo porque así lo sienten?... ¿Quien o qué siente en ellos?... ¿Ellos lo saben en verdad?... O sólo suponen y sienten que es algo superior, tan sólo porque no participan de la sabiduría que les indica qué es aquello que siente por, o en ellos, o a través de ellos… Muchos son los que creyendo haber llegado a algo, quedaron complacidos por alguna experiencia mística que les trajo una comprensión de las bases existenciales energéticas, para en la descarga de responsabilidad que les brindaron, quedar aliviados, concienciados de que Nada son, y Todos somos Uno, para expresarse bajo estas premisas sin importarles lo absurdo que a los demás les parezca…
Alguien programado mentalmente que se mueve por amor y comprensión del sufrimiento ajeno, tiene más compasión divina. Aquella que llevó al sacrificio personal a Jesús, por poner un ejemplo de entrega y amor incondicional, o algunos que dieron sus vidas por mejorar las de otros, porque Jesús murió por ser un gran revolucionario…
¿Qué diferencia hay entre un monje aislado en su montaña, y aquél que se formó un castillo con ladrillos de “Presentes” y “Aquí y Ahora”?... ¿Creen que han llegado a algo?... ¿Creen que la vida expresándose en ellos ya no necesita que la misma vida expresándose fuera de ellos les diga algo?... ¡Ahhh!, Claro, Sólo pueden hablarme quienes estén a mi nivel… Sólo escucharé a quien hable desde el corazón… Pero, ¿dónde tiene la boca el corazón?... Se hicieron igual de sordos que las mentes programadas de las cuales creen haberse distanciado...
Ahora, a otro nivel, siguen teniendo ojos y no ven, y oídos y no oyen, porque excluyeron de sus vidas el aprender de cualquier otro, y su auto confianza les cegó en la autocomplacencia de reconocer juiciosamente desde donde les hablan, qué se les mueve a los demás, para en lo demás, esperar sólo oír voces interiores y sentires metafísicos, despreciando sin reconocerlo, porque ya nos les importa nada de este mundo, que no son maestros de nada si creyeron que dejaron de ser aprendices…
Cayeron en el mismo bucle Egoico del que creían haber salido:
¿Qué me van a contar estos, si ni siquiera saben hablar con el corazón?...
¿Qué me van a contar mis inferiores que ya no sepa y tenga yo?...
¿Qué importa Todo, si yo creo ciegamente en Nada?...
Al parecer, como es abajo es arriba y viceversa; y también se traslada lo absurdo en ambos sentidos… Al igual que la separación, que se da cuando nos creemos perfectos, o más perfectos que los demás, sólo porque alcanzamos una insignificante comprensión existencial más allá del común general humano.
Y con esto, no digo que Osho sea idiota... al buen entendedor, pocas palabras basta.

Isaac Fernández de la Villa.

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